domingo 11 de diciembre de 2011

SEGUNDA PARTE. ORIGEN POLÍTICO DE LA CHECA.

ORIGEN POLÍTICO DE LA CHECA Y COMIENZO DE SUS ACTUACIONES
DEPENDIENTES DEL ORGANISMO OFICIAL COMPETENTE


A primeros de agosto de 1936, cuando ya había comenzado en Madrid la serie de asesinatos, cuyo número no decreció hasta diciembre del mismo año, se celebró en el palacio del Círculo de Bellas Artes una reunión convocada y presidida por el Director General de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez (diputado a Cortes del Partido de Izquierda Republicana y Grado 33 de la masonería). En la reunión citada, que se celebró con asistencia de representaciones de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular, se acordó la constitución de un Comité Provincial de Investigación Pública, que, en estrecho y permanente contacto con la Dirección General de Seguridad, debía encargarse de dirigir la política represiva,
con amplias atribuciones.

Viñeta aludiendo al pacto nazi soviético.


El carácter de la checa y su origen no fueron, por lo tanto, tal y como se ha comprobado sobradamente, producto de la convulsión inherente a toda revolución en la cual la masa obra a su propio antojo, independiente del poder establecido. Según testimonios unánimes de cuantos asistieron a la citada reunión constitutiva del Comité Provincial de Investigación Pública, en ella quedó claramente aceptada por el Director General de Seguridad la atribución de amplias facultades con respecto al referido comité, a fin de que, erigido en checa, acordase, sin limitaciones ni formalidades de ninguna clase, los asesinatos que estimase conveniente.

Señalamos lo citado, por considerarlo lo básico y esencial de cuanto sucedió posteriormente en los tristemente recordados lugares, cuya razón de existencia y propagación no puede en modo alguno cargarse a cuenta de seres incontrolados e irresponsables, a los que se permitió que obrasen con plena libertad, sabiendo de antemano cuál iba a ser la reacción de los elementos que iban a actuar en las citadas dependencias represivas.

Entre las declaraciones terminantes que prueban la veracidad de lo expuesto, constan las prestadas por Manuel Roscón, miembro de unos de los tribunales de checa, y Julio Diamante, asistentes a dicha reunión y que depusieron posteriormente ante el Tribunal de Guerra. Estos declarantes, cuyo testimonio citamos como una de las pruebas de veracidad de cuanto se relata, refirieron como el Director General de Seguridad acogió las exigencias de los reunidos, que reclamaban las más amplias facultades para la comisión de crímenes, puesto que no pueden considerarse como ajusticiados aquellos seres a los que se mataba sin un procedimiento judicial. Esta actitud ya no permitía duda sobre el verdadero carácter de las checas, desde el momento que las personas detenidas por los grupos o patrullas, quedaban a merced de la checa correspondiente, la cual no tenía subordinación de ningún género a cualquier organismo competente y legal.

 
Manual chekista original en ruso.


El Comité Provincial de Investigación Pública, formado a base de diversas secciones o «tribunales», con representación de los partidos y sindicales obreras, que habían enviado sus delegados a la sesión constitutiva, funcionó hasta fines del mes de noviembre de 1936 en los sótanos del Círculo de Bellas Artes. Después se trasladó a un palacio de la calle de Fomento, situado en el número nueve, recibiendo, debido a su emplazamiento, el nombre de checa de Fomento.
Hablar de la checa de Bellas Artes, e incluso más todavía de la checa de Fomento, es igual que revivir martirios, torturas y sadismos inconcebibles. Los muros de aquellos sótanos fueron testigos de crímenes perpetrados en aquel mismo lugar, y los impactos de las balas permanecen todavía como las más veraces pruebas de cuanto ocurrió entre aquellas sólidas paredes. En sus dos etapas de actuación, esta checa dispuso del derecho más absoluto de vida o muerte sobre toda la población de Madrid. Decir en aquella época de un ciudadano: «Ha sido llevado a la checa de Fomento», era tanto como dársele de antemano por muerto. Las posibilidades de salir con vida de la garras de los chequistas eran mínimas.

La checa de Fomento tenía delegados fijos de la Dirección General de Seguridad del Frente Popular, circunstancia que corrobora la certeza de que aquella libertad concedida era con pleno conocimiento de los crímenes, torturas, saqueos, etc., que la referida checa llevaría a efecto.
La checa de Fomento tenía la fuerza suficiente para reclamar a los presos de la Dirección General de Seguridad y hacerse cargo de ellos, lo que implica una subordinación de dicho organismo a la citada checa. Esta entrega de presos se realizaba tanto si eran presos existentes en los sótanos de la Dirección General de Seguridad, o presos existentes en las distintas cárceles, en un principio la Modelo, y después Porlier, existiendo abundante constancia documental de estas órdenes de entrega dadas por la citada Dirección de Seguridad.

El citado Comité de Investigación Pública no tuvo como consecuencia la disolución o la disminución del gran número de checas que en cantidad de doscientas veintiséis funcionaban en Madrid. Por el contrario, actuaron de modo que el poder de estas numerosas checas se vio reforzado, puesto que se dotó de investidura oficial a los asesinos de las mismas. A tal efecto, fueron considerados como dependientes de la checa «oficial» de Fomento, con carnet y plantilla en una dependencia para ciertos efectos que no tenían contacto con su
libertad de acción en su función específica, como era el crimen y el saqueo.



Según manifestaciones hechas por algunos de los miembros de esta checa ante el Consejo de Guerra que los juzgó, en ella, tanto la condena a muerte como la libertad, dependían con frecuencia del simple capricho, de la antipatía personal, y las actuaciones con referencia a cada detenido, muchas veces, no eran ni siquiera consignadas, o de hacerlo, toda la diligencia correspondiente a las mismas no ocupaban más de una cuartilla de papel. Después de comparecer ante aquel «tribunal» el detenido, éste era insultado y amenazado con objeto de arrancarle la confesión de sus creencias religiosas o ideas políticas, cuya existencia daban los interrogadores por cierta, soliendo recurrir, a fin de sorprender al individuo y desconcertarle, a estratagemas de diverso tipo.

Así, cuando las violencias empleadas no bastaban para quebrantar la voluntad del detenido, o simplemente que en realidad no era cierta la acusación que se le imputaba, le mostraban a la víctima desde lejos una tarjeta —por uno de aquellos que, suplantando la autoridad de un juez, hacía las veces de tal— y trataban de hacerle creer a la víctima que se trataba de su propia ficha, extraída de los ficheros ocupados a los partidos políticos enemigos del Frente Popular. Acabado el interrogatorio, y con él, el «juicio», sin que se le diera oportunidad por medio de una defensa adecuada, el «tribunal» resolvía. No era mucho el tiempo que perdían en la deliberación, y de ella en la mayoría de los casos salía una sentencia de muerte, prescindiendo de todas las normas que señala la ley aun para circunstancias en las que las corrientes anárquicas establecen su fuerza.

Este modo de obrar, sin precedentes históricos y que no puede compararse ni con las sangrientas jornadas de la Comunne francesa de la Revolución, había de ser superado, cuando la checa adoptó procedimientos científicos para obtener el mayor grado de tormento aplicado a sus desgraciadas víctimas.

Los acuerdos de asesinato se hacían constar en la hoja correspondiente por medio de la inicial «L», como en el caso de libertad efectiva, pero con la diferencia de que a la inicial «L» se le añadía un punto, signo ortográfico que servía de contraseña para el inmediato asesinato del detenido, que era entregado con esta finalidad a alguna de las brigadillas.

¡Un insignificante punto era el valor que concedían a la vida de un ser humano!

El tiempo de apoyar la pluma sobre el papel, bastaba para conducir a la muerte a tantos y tantos hombres y mujeres que fueron detenidos y llevados a la checa. Estas brigadillas constituidas por un jefe, a quien se le llamaba «responsable», y cuatro individuos más, estaban específicamente dedicadas tanto a las detenciones y registros como al cumplimiento de los asesinatos acordados por cada «tribunal».
Cada partido político u organización sindical integrante del Frente Popular se hallaba representada en la checa por varios de estos grupos o brigadillas. Y cuando la tarea que pesaba sobre estas brigadillas resultaba excesiva, se recurría también para los asesinatos a los milicianos de turno de guardia, que prestaban sus servicios en el edificio de la checa. Entre los jefes y «responsables» de tales brigadillas, uno de los más destacados por su monstruosa actuación fue un anarquista llamado Antonio Ariño Ramis, malhechor común, fugado de la Penitenciaria francesa de la Guayana. A este hombre se le supone en su haber la realización de cientos de asesinatos, tanto en Madrid . como en Vallecas, Fuentidueña del Tajo y algunos pueblos más de la provincia, a donde, una vez agotadas las «listas» de la ciudad, acudía para proveer a la checa de Fomento del número necesario de víctimas, en las que podía saciar el incontenible furor criminal que poseía.

De modo fehaciente, por denuncias formales presentadas por las familias de las víctimas, constan denunciados ante la Causa General de Madrid más de mil setecientos asesinatos cometidos solamente por las checas oficiales de Bellas Artes y Fomento, obrando los nombres y circunstancias de las víctimas, y la fecha de su detención, datos que no eran comunes a las distintas checas esparcidas por Madrid.

Para determinar exactamente los millares de seres víctimas de las checas y que murieron en las mismas, han de tenerse en cuenta las dificultades creadas por aquella época de terror, que impedían a las familias de los desaparecidos determinar los lugares a donde los mismos eran conducidos o las checas que realizaron el asesinato.

Teniendo también presente que al Comité Provincial de Investigación Pública afluían para su enjuiciamiento ilegal y posterior asesinato muchos detenidos procedentes de otras checas, puede establecerse en muchos millares el número de asesinatos decididos por el citado comité y ejecutados por sus agentes y milicianos.

La Dirección General de Seguridad facilitaba a las checas los ficheros y relación de antecedentes, «alimentando» a la siniestra labor de las mismas con todo lo que pudiera interesarles para sus actividades de persecución.

También mediante testimonios fidedignos, consta el estrecho contacto entre los dirigentes de la checa y las máximas autoridades frentepopulistas, que no se limitaron a la relación existente con el Director General de Seguridad, sino que alcanzaban hasta el ministro de la Gobernación.

Ángel Galarza, a quien los dirigentes de la checa trataban con gran familiaridad, ministro a la sazón de Gobernación, dio las disposiciones oportunas para que gran número de elementos pertenecientes a las checas obtuvieran un carnet en el que aparecían como agentes del Gobierno.

La Dirección de Seguridad tenía noticia diaria del balance de las criminales actividades de las checas establecidas por medio de los delegados fijos en cada una de ellas. Además, a disposición de estos delegados solía ponerse, con mucha frecuencia, a detenidos de la Dirección General de Seguridad.

Todo esto que se pretende dejar bien claro, y por ello insistimos sobre tales extremos, es una ineludible necesidad el consignarlo al referirnos a todo lo concerniente a las checas, tanto de Madrid como de Barcelona.

No puede culparse a grupos de hombres incontrolados, excitados por las más bajas pasiones, porque estos hombres fueron alentados, instruidos y tuvieron la protección oficial. Las mentalidades suyas estuvieron bajo el control de otras de nivel muy superior, y de este modo se convirtieron en instrumento de éstas, que pudieron emplearles a su antojo y con pleno conocimiento de causa.

viernes 2 de diciembre de 2011

PRIMERA PARTE. LAS CHECAS DE MADRID Y BARCELONA
La institución soviética de la checa como instrumento de terror, fue conocida desde el
primer momento revolucionario en todo el territorio español sometido al Frente Popular.
Los partidos políticos extremistas y las sindicales obreras, así como la Federación
Anarquista Ibérica, tanto en Madrid como en Barcelona y Valencia, establecieron, en los
numerosos edificios incautados para la instalación de sus respectivos centros, comisiones
represivas con facultades ilimitadas para realizar detenciones, requisas y asesinatos.


Estos locales destinados a la represión fueron conocidos con el nombre genérico de «checas», siendo su número extraordinario, dado el desenfreno típico de la zona marxista y el gran número de edificios que en las citadas poblaciones tenían requisados cada partido político u organización obrera para el establecimiento, tanto de su centro principal como de sus sucursales y cuarteles de milicias autónomas, más aficionadas a las ventajas de la retaguardia que a los riesgos, del frente de combate.
Aunque la checa fue producto del S.I.M., los métodos a seguir, en los distintos lugares en
donde se guardaban presos políticos fueron los creados por la checa del S.I.M., o bien bajo el
mando de un jefe o «responsable» en los centros de tipo marxista, o de un Comité de defensa en los de carácter anarquista.
Así las checas se multiplicaron adoptando las variadas denominaciones de Agrupaciones
Socialistas, o Republicanas, Radios del Partido Comunista o de las Juventudes Socialistas
Unificadas, Ateneos Libertarios, Sindicatos de la C.N.T. o de la U.G.T. (Confederación Nacional del Trabajo y Unión General de Trabajadores, respectivamente).
Cuarteles de Milicias, Comités de Investigación o de Control, Comités de vecinos, etc., se
creyeron en la obligación de tener un lugar donde, por cuenta propia, disponían a su antojo del detenido que caín en sus garras.
Incluso llegaron a establecerse checas, que bien pueden calificarse como semiprivadas, a
cargo de malhechores comunes, rivalizando todos estos centros en su actuación sanguinaria y en su avidez por el botín, que pasaba a engrosar los fondos de cada entidad política o sindical, y también al patrimonio privado de los chequistas, caso este último muy frecuente. También se entregaban en ocasiones a los organismos de incautación creados por la Hacienda pública roja.
*      *      *

Puede afirmarse que, solamente en Madrid, funcionaron más de doscientas checas, de
existencia plenamente comprobada, y cuya estadística incluiremos. Todas ellas inspiradas en el modelo soviético; pero con la esencial diferencia de presentar cada una de ellas un carácter autónomo, actuando sus jefes según su capricho y gozando todas del total apoyo de las autoridades del Frente Popular.
Para este efecto fueron dotados de carnet de agentes de la Autoridad numerosos
chequistas, sin que las checas, en absurdo contraste, estuvieran por su parte jerárquicamente subordinadas a dichas autoridades, ni obligadas a dar cuenta a las mismas de su actuación.
Tampoco estaban supeditados para dar cuenta de la suerte corrida por sus respectivos
detenidos, sin perjuicio del mutuo auxilio que se prestaban estas checas entre sí, especialmente entre aquellas que pertenecían a un mismo partido u organización sindical.
Con sólo citar el número de checas que existían en la capital madrileña, puede deducirse
la situación de ésta durante el tiempo en que estuvo bajo el dominio del Frente Popular, y la
escasa o nula seguridad personal de sus habitantes.
*      *      *
La inhibición del Gobierno de Frente Popular respecto de la actividad criminal de las
checas, oficiales y no oficiales, resulta indiscutible ante la realidad de los hechos, y se vio 

confirmada por el premio concedido a los chequistas profesionales, que, en realidad, eran
criminales por vocación.

Prueba inequívoca de esta ayuda y recompensa se hizo patente en que muchos de ellos, a
los pocos meses de este servicio de represión, ingresaban en la Policía del Estado sin más
requisito previo, ni exigírseles otra prueba de aptitud técnica, que no fuera el de su práctica en las detenciones.

Las diplomáticas advertencias prohibitivas dirigidas por el Gobierno a las checas no
oficiales y publicadas alguna vez en la prensa, a efectos de Propaganda en el Extranjero, eran puramente un formulismo, y su propia reiteración daba fe de la absoluta falta de sinceridad. 
                          
Los marxistas y anarquistas sentían una acusada preferencia por los templos y conventos
para establecer en ellos sus checas, pudiéndose citar con referencia a Madrid, como caso
concreto, los que citamos seguidamente:
El Convento de las Salesas Reales, de la calle de San Bernardo, número 72; el Convento
de la Plaza de las Comendadoras; la Iglesia de Santa Cristina, y otros muchos templos
madrileños que fueron convertidos en checas por el Partido Comunista, independientemente de los edificios religiosos dedicados a la misma finalidad por otras organizaciones del Frente Popular. 
 *      *      *


Entre la multitud de checas de diversas organizaciones que, principalmente durante el año
1937, se extendieron por todo Madrid, existía un núcleo de ellas directamente conectadas con las autoridades oficiales, dependiendo exclusivamente de ellas para llevar a cabo las medidas represivas ordenadas por aquéllas.

Eran éstas, en primer lugar, el Comité Provincial de Investigación Pública, que tenía a su
cargo, o dependiendo de él, las tristemente famosas checas de Bellas Artes, y de Fomento; las de la Escuadrilla del Amanecer, Brigada Ferret, Checa de Atadell, Checa del Marqués del Riscal, n.° 1; Checa del Palacio de Eleta; la de la calle de Fuencarral, y la de los llamados «Linces de la República», así como los llamados Servicios especiales, dependientes del Ministerio de la Guerra.


También con carácter oficial fueron creadas en Madrid treinta y cinco checas, llamadas
«Puestos Especiales», bajo la vigilancia y dependencia de la Inspección General de Milicias
Populares, que constituían la base de las Milicias de Vigilancia de la retaguardia, formadas a
finales del año 1936 con los referidos elementos y con los miembros más destacados de las
restantes checas.
Todas estas checas, creadas y oficialmente reconocidas durante la primera etapa del terror
implantado por la autoridad frentepopulista, no diferían en ningún aspecto fundamental, en
cuanto a su actuación, de las checas incontroladas, ya que la misión que realizaron unas y otras consistía en el asesinato en gran escala, y por motivos arbitrarios, y el saqueo.
Ya en la segunda etapa de la guerra, bien por el cansancio de los asesinos, o por haber
dado muerte a la mayoría de los incluidos en sus «listas», o simplemente por conveniencia
política del Gobierno rojo, se debilitó en parte el terror anárquico, cesando poco a poco las
checas incontroladas.
Fue entonces cuando el Gobierno marxista, por medio del S.I.M. y de otros organismos
análogos de policía política, desarrolló reflexivamente su campaña represiva, más sádicamente preparada, más cruel todavía, aunque con menos publicidad, haciendo el más refinado uso de la tortura, según métodos experimentados en las checas soviéticas, y con una organización técnica, creada a tal fin, de características totalmente diferentes a las que revistió la revolución del primer período de la guerra civil.
 *      *      *

Aunque, como liemos dicho ya, durante la dominación roja en Madrid funcionaron
centenares de checas, detallaremos aquellas cuyo carácter de tales fue notoriamente reconocido d

durante el período de guerra civil, y cuya existencia fue debidamente comprobada mediante la investigación pertinente una vez terminada la guerra.

Por lo tanto, no incluiremos ni los simples cuarteles de las fuerzas de orden público, ni la
Dirección General de Seguridad, ni las Comisarías de Policía de Distrito, no obstante las
frecuentes entregas de detenidos que dichos departamentos policíacos hacían a las checas en virtud de órdenes superiores.
Asimismo se omiten en este relato, para no hacerlo monótono, una larga serie de cuarteles
y centros políticos, cuya actuación criminal —-también investigada por la autoridad judicial— resultó menos destacada, por el menor número o por la mayor intermitencia de los asesinatos y detenciones que realizaban. Tales centros, dedicados de una manera accidental a la represión, alcanzaron una cifra igual a la de los locales públicamente catalogados como checas.
Tampoco incluimos en esta obra los numerosos grupos de vigilancia de retaguardia,
aunque éstos estuvieron formados por hombres procedentes de las checas del comandante
Barceló y de otras políticas y sindicales, y cuyas fuerzas fueron utilizadas conjuntamente,
durante algún tiempo, para las matanzas en masa de los presos que con esta finalidad fueron encarcelados y conducidos al campo de Paracuellos del Jarama y a otros lugares próximos a Madrid, en donde eran ametrallados.
Las checas políticas y sindicales, de todas las significaciones y matices, comprendidas
dentro del Frente Popular, realizaban sus asesinatos y desmanes sin otra limitación que la
representada por la distinta capacidad material y elementos represivos a disposición de cada
una de ellas.


El local con su capacidad adecuada, los hombres necesarios para las detenciones,
interrogatorios y asesinato de los detenidos, estaban en relación directa con la profusión que
había de ellas.
 *      *      *
Dentro de esta identidad criminal entre todas las checas, se caracterizaron las del Partido
Comunista por su ferocidad y ensañamiento, puesto que no se limitaban a asesinar a sus
víctimas, sino que antes les hacían objeto de los martirios más crueles, no habiendo una sola
checa en Madrid en donde estas torturas no se aplicasen con carácter general.
Así, en la checa de la calle San Bernardo, todos, sin excepción, eran maltratados antes de
su asesinato. Los escasos sobrevivientes de esta checa, una de las que pusieron en práctica los métodos más sutiles de tortura, y los procedimientos más bárbaros en una combinación
monstruosa, han relatado hechos que coinciden con las pruebas tangibles observadas en los
cadáveres examinados y cuyas fotografías obran en el Departamento de Medicina Legal de la Dirección General de Seguridad.
En la checa de San Bernardo tenían, para el exclusivo objeto de dar palizas, a un boxeador
profesional, y éstas eran tan brutales, que fueron muchos los que no sobrevivieron a las mismas.
En diabólica conjunción, los interrogatorios eran encomendados a hombres especialistas y
con un método preconcebido, en el cual se incluía la amenaza sutil de represalias en las
personas de los familiares más allegados del detenido, a fin de extraer delaciones, mediante las que pretendían obtener datos sobre personas que habían escapado antes de su detención.
En la checa comunista de la Guindalera, instalada en la calle de Alonso Heredia, número 9,
en un chalet, conocido por «El castillo», se empleaban los medios más tortuosos de tormento.
En aquella checa, el número de mujeres detenidas sobrepasaba en mucho al de los
hombres. Jóvenes, casi unas niñas, según puede observarse en documentos fotográficos,
pagaron con su vida y el tormento previo el crimen de ser afiliadas a la Acción Católica, o simplemente de ser denunciadas por llevar medallas o algún otro signo de su catolicismo.

En la checa de la Guindalera se aplicó el tormento del hierro candente en un bárbaro
retroceso de siglos. También se les arrancaban las uñas de las manos y los pies a los detenidos.

Basta citar el caso de doña Delfina del Amo Portóles, de cincuenta y dos años de edad, la cual,

detenida y conducida a la citada checa, al negarse a dar el paradero de su hijo y yerno, militares ambos, quienes los chequistas buscaban afanosamente, fue víctima del terrible tormento citado.

Fue asesinada sin que le fuera posible calzarse para marchar con los milicianos al lugar en
donde iba a ser muerta, ya que tenía los pies horriblemente destrozados con el tormento antes citado, típico refinamiento de las checas de Leningrado o Moscú, correspondientes a las más duras etapas del comunismo ruso.


Los contados supervivientes afirman cómo, durante los martirios, los chequistas ponían en
funcionamiento un potente aparato de radio que apagaba las terribles lamentaciones de las
víctimas. Los chequistas comentaban aquellos sufrimientos con regocijo, y cuando aludían a
ellos decían en son de mofa «que había habido corrida de toros».
La befa y el escarnio corrían parejas con el daño físico infligido. Por ejemplo, el suboficial
retirado de la Guardia Civil, don José Azcutia Camuñas, fue detenido por hombres de la checa de la Guindalera. Tenía sesenta y cinco años cuando compareció ante el Tribunal de
interrogaciones. Frente a él, y formando parte de aquella caricatura de tribunal que lo juzgaba, se sentaban dos ex presidiarios por delito común. El acusado sufrió primero los insultos y golpes de los chequistas. Después se le puso un gorro de papel en forma de tricornio, obligándole a permanecer en posición de firme, y desfilando dos chequistas ante él, uno a uno, descargaban feroces golpes con cuerdas y toallas mojadas y retorcidas, hasta el extremo de que, además de otros daños, le vaciaron un ojo.
Este hecho concreto que se cita es uno más de los cientos que diariamente se llevaban a
cabo. Los dos ex presidiarios mencionados, Jacinto Vallejo y Román de la Hoz Vesgas (a) «el vasco» habían sido detenidos por la Guardia Civil, por sus reiterados robos a mano armada. El odio que sentían hacia esta Institución tenía una obscura y profunda raíz.
En esta misma checa de la Guindalera, situada en la calle de Alonso Heredia, había un
gran salón, en donde los chequistas celebraban con sus amantes fiestas orgiásticas. Para ello
empleaban vajillas, manteles y cubertería procedentes del Palacio de Liria, cuya incautación y requisa entraba dentro de las atribuciones de la checa.

En las checas anarquistas, el asesinato y el robo eran observados con la misma intensidad
que en las de tipo comunista. Sin embargo, no solían aplicar a sus victimas un trato tan cruel, ni unos métodos tan refinados de tortura como en las anteriores.
El procedimiento a seguir era por regla general más violento e impulsivo, y el número de
muertos sin causa previa era tan elevado como en las checas comunistas, pero raramente se les sometía a la tortura y los penosos interrogatorios en donde se mezclaban los insultos con los golpes.

Entre las checas anarquistas, las más señaladas por el gran número de asesinatos
cometidos son: la checa del Cinema Europa, situada en la calle de Bravo Murillo, en el local del citado cine; el Ateneo Libertario de Vallehermoso, así como las de Ventas, Retiro, Barrios Bajos y Delicias; la checa de la calle de Ferraz, número 16, y la de Campo Libre, establecida en el número 16 de la calle de Fuencarral, etcétera.
Podemos señalar el caso representativo de la checa anarquista «Spartacus», que radicó
en el número 18 de la calle de Santa Engracia, la cual fue encargada de «depurar» a la Guardia Civil de Madrid, habiendo asesinado en este cometido la referida checa, solamente en una noche, concretamente la del 19 de noviembre de 1936, a cincuenta y dos miembros del cuerpo de la Guardia Civil, entre jefes, oficiales y clase de tropa del citado cuerpo.

lunes 28 de noviembre de 2011

El carlí més popular d'Ardèvol

Hace unos días, mi querido suegro se estuvo dedicando a ordenar su fondo documental, alegando que no quería dejarnos papel alguno fuera de lugar cuando se muriera y me cedió el documento que seguidamente transcribiré en esta página. Podemos asegurar, sin temor a errar, sobre el pesimismo pragmático de mi suegro. Dios mediante cumplirá 87 años el próximo mes de enero, a pesar de los achaques lógicos de su edad.

De paso, he de aclarar a aquellos que se han interesado por este Blog y quien esto escribe una serie de conceptos.

En febrero de 2009 y tras veintidós años de abnegado trabajo, me encuentro con una carta de despido y la consiguiente indemnización. Tardé casi diez meses en encontrar otro puesto que me permitiera llevar a casa un sueldo. De un trabajo de despacho y con horarios más o menos normales, he pasado a un trabajo más de... "campo" y con tramos de trabajo de doce a catorce hora durante veintisiete o veintiocho días al mes. Lo cual me ha restado tiempo para muchas cosas y el poco que me queda libre, procuro dedicarlo a mi familia. Desgraciadamente no he podido, ni puedo aún, asignar tiempo a mis amigos, ni a mis correligionarios y poco o nada a nuestra Causa mediante este Blog, aunque si procuro hacerlo en el día a día, porque ni me escondo, ni me avergüenzo por ser carlista. A todos mis amigos y correligionarios, debo daros las GRACIAS por vuestro apoyo.

También ha habido algún idota que ha intentado regocijarse ante mi inactividad pública temporal en este Blog, intentando hacer leña del árbol caído, sin tener la menor idea del motivo. Pero solo se ha "atrevido" a hacerlo mediante correo anónimo o a través de terceros. Pues aunque le pese, seguimos en la lucha, sin escondernos y sin avergonzarnos de ser Carlista. Y repito, es un IDIOTA, lo reitero por si tuviera el valor de denunciarme, así por lo menos nos veríamos las caras en el juicio. Pero va a ser que no.

Volviendo al documento que se transcribe, se trata de un artículo aparecido en el periódico independentista "Regio 7", en fecha 15 de Enero de 2000; realizado por Ramon Felipó i Oriol (texto e ilustraciones) y Salvador Redó (ilustraciones). Se conmemoraba el centenario de la muerte del general Rafael de Tristany, refiriéndose a él como EL CARLÍ MÉS POPULAR D'ARDÈVOL (El carlista más popular de Ardèvol).

En la foto grande aparece la casa familia de los Tristany cerca de Ardèvol, aunque el término municipal pertenece realmente a la población de Pinós; centro geográfico de Cataluña y en cuyo santuario descansan los restos del teniente Willis, fallecido en el sitio de Igualada durante la tercera guerra. Continúa el artículo diciendo: Esta es la casa en la que nació Rafael Tristany i Parera. Murió en el exilio, en Lourdes y el traslado de sus restos, en 1913 hasta Ardèvol (pasando por Barcelona, Manresa, Súria y Cardona) resultó ser uno de los últimos grandes actos populares del carlismo. Existen libros y numerosos documentos gráficos en los que puede verse cuan popular y querido era el general Tristany, sí como la ingente cantidad de personas que acompañaron y velaron en todo momento sus restos mortales.

"Los Tristany de Ardèvol (Solsonès) son la familia carlista que tal vez ha dado más hombres por la defensa de su causa en toda Cataluña. El general Rafael Tristany i Parera (Ardèvol 1814 - Lourdes 1899), luchó en Cataluña y Euskalherría por los Reyes Carlistas; su vida fue de una entrega total a la dinastía carlista y murió, como tantos otros de los suyos, en el exilio.

Su biografía está explicda en la mayor parte de los libros carlistas, pero especialmente en "Historia del Tradicionalismo Español" de Melchor Ferrer; en la pequeña biografía de Joan Garrabou, que tan solo ofrece unas pinceladas; en el libro del doctor Llorens; y sobre todo en la magnífia y etraordinaria obra de César López Hurtado "Els Tristany d'Ardèvol, Carlins irreductibles" ("Los Tristany de Ardèvol, Carlistas irreductibles), que tal vez sea la mejor historia de una familia de la Cataluña central (independientemente de su contenido carlista), ya que los datos biográficos van desde el siglo XVI hasta la actualidad, y explica la vida de los miembros de esta dinastía del Solsonés y, por extensión, de como era la vida en toda la comarca.

Como ya hemos dicho, el general Tristany falleció en 1899, el día 17 de junio en Lourdes (Lorda d'Occitània), en Francia. Fue enterado en esa ciudad, donde vivió los últimos años, pero el carlismo catalán quería trasladarlo a su patria y decidió organizar el traslado de sus restos mortales, lo que sin duda, fue uno de los últimos actos carlistas importantes. Los carlistas organizaron un acto multitudinario y fueron por miles los que se desplazaron a Lourdes, para recoger el cuerpo de Tristany, e hicieron lo que llamarían EL PEREGRINAJE DE LA LEALTAD.

Para poder entender lo que significó el acto del traslado de su restos mortales, se puede consultar el libro "Album histórico del carlismo, 1833-1933", que recoje los hechos más importantes de los carlistas en sus primeros cien años de existencia. Este libro, impreso en Barcelona en 1935, es de Juan María Romá, el hombre que coordinó el traslado del cadaver del general Tristany.

Para este acto, los carlistas se trasladaron a Lourdes el 23 de Abril de 1913 y contaron con la presencia del Rey Carlista en ese momento, Jaime III.

Tras las ceremonias religiosas y de despedida a Francia, fue llevado en tren hasta Portbou y desde allí hasta Barcelona, también en tren; donde llevó el día 26 de Abril. Su féretro estaba cubierto con una cinta que decía "A Tristany. Jaime". Después de unos solemnes actos religiosos en Santa María del Mar, de un desfile cívico y patriótico en el salón de San Joan y de despedida bajo el Arco del Triunfo de Barcelona, sus restos mortales emprendieron la marcha hacia Manresa, donde el día 27 de Abril volvieron los actos religiosos en la Seu. Por la tarde del mismo día, la comitiva partió hacia Súria y Cardona, donde también recibió honores por parte de los carlistas, sacerdotes y el pueblo en general. Finalmente, sobre las diez de la noche, llegaron a Solsona.

Se repitieron nuevos actos de homenaje i al día siguiente, emprendieron el camino hacia Ardèvol, pasando por el santuario de el Miracle, donde los miembros de la comunidad benedictina también rindieron recuerdo al general Tristany. Ya en Ardèvol, volvieron los homenajes, Misas de sufragio y finalmente el entierro en el cementerio del pueblo, acompañado siempre por toda su familia. Es necesario decir que el entusiasmo popular que acompañó al traslado de sus restos mortales, fue debido al hecho de estar escoltado en todo momento por centenares de antiguos soldados suyos, como puede leerse en el libro "Pablo Jacas Dalmau, biografía de un Carlista", de Fermí Prunés.

Años después, el carlismo catalán participó en la agrupación política "Solidaritat Catalana", pero después de la guerra civil, tal vez a causa de la desaparición de Alfonso Carlos, último pretendiente de la dinastía, su arraigo popular, fue menguando".

Hasta aquí el artículo. Un saludo.

ASÍ FUNCIONABAN LAS CHEKAS

    ASÍ FUNCIONABAN LAS CHEKAS.


    Tomado de ÍNTERECONOMÍA.

    Testimonio de Manuel Rascón Ramírez, considerado "el personaje más siniestro de esta Cheka oficial".

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    Este testimonio sirve para completar lo dicho sobre por qué el Gobierno Giral autorizaba las matanzas.

    Básicamente Manuel Rascón Ramírez matiza lo dicho por Manuel Muñoz Martínez, Director General de Seguridad, acerca de que él no sabía que en el Comité de Investigación Pública creado el 4 de agosto de 1936 (Checa de Bellas Artes, más tarde trasladada a Fomento, 9) se matara a gente. En la Causa General se presentó a Muñoz el testimonio de Rascón: "que afirma que ni por parte de Galarza ni por parte de Muñoz, se trató de impedir las ejecuciones de detenidos realizadas por el Comité de Investigación Pública, no obstante el perfecto conocimiento que ambos tenían de estos hechos, que existía intercambio de detenidos entre la Dirección de Seguridad y el Comité de Fomento, y que la Secretaría Técnica de la Dirección de Seguridad, en que la escuadrilla del Amanecer radicaba, tramitaba las falsas órdenes de libertad, para que los presos fuesen entregados a los Agentes de la Checa de Fomento, y asesinados, responde negando terminantemente haber tenido conocimiento de tales hechos, que de ningún modo hubiese aprobado, y que si ocurrieron sería porque el Secretario Técnico, habría abusado de su confianza sometiendo a su firma tales resoluciones, entre el sin número de documentos que diariamente se firmaba". El secretario técnico era José Raúl Bellido, del mismo partido que Muñoz, Izquierda Republicana (el de Azaña).

    El testimonio de Rascón en el legajo 1530, expediente 4, de la Causa General, es amplísimo (el folio 95 del expediente es el que reproduzco arriba, donde se dice que Rascón era "el personaje más siniestro de esta Cheka", en el folio 114 se apunta incluso: "“puede considerársele terminantemente como el más repulsivo y siniestro de los componentes del mismo [Comité] y tal vez de toda la zona roja"), puede verse en esta carpeta, desde la página 121 a la 147. Haría falta ser psicólogo penal para opinar sobre las causas de tal verborrea: hasta qué punto intenta con ella salvarse, dando a entender que es un testigo demasiado valioso como para eliminarlo, y que tiene mucho que contar (lo cual era cierto y queda evidenciado), o si consciente de que de todos los modos lo van a liquidar, quiere dejar para la posteridad, no se sabe si la verdad, o un testimonio de su genialidad... Algo de ambas cosas y de alguna más habrá...

    Quizá incluso arrepentimiento o intento de disquisición filosófica con su alegato inicial acerca de que, de haber conocido la Falange bien, los anarquistas no la habrían combatido... Curioso que algo de eso hubiera también en el testimonio de Muñoz, que alegaba haber conocido a José Antonio Primo de Rivera y haber quedado para que le explicara detenidamente su movimiento...

     ¡La guerra cortó tantas cosas!

    Lo esencial del testimonio ahí queda: los jefes de seguridad sabían lo que hacian sus agentes, y estos no eran unos incontrolados, sino agentes de la autoridad. Muñoz, Azaña y compañía podrán alegar que no encontraron otros personajes en que apoyarse más que estos criminales. Se les podrá responder que fue así porque se negaron a colaborar con la gente honrada... Muñoz mismo explica que creó la Checa porque los jefes de la Guardia Civil -según el chivatazo de uno de ellos- querían pasarse a los sublevados. El hecho es que se apoyaron en estos criminales, y que los criminales, cuando se les avala con autoridad, siguen haciendo lo mismo que hacían: solo que ahora la autoridad se hace corresponsable de ellos. Al "yo no sabía" que alegan se les puede responder como a los que decían no saber del Holocausto nazi: debías saber... El problema es que de estos tenemos certeza de que sabían.

    El remate del disparate de la Memoria Histórica es que en la Lista de Sinde (Memorial de víctimas a las que hay que honrar "para siempre") están tanto Muñoz (al menos por triplicado: uno, dos y tres), como Rascón, ¡sus víctimas no están, pero ellos cuentan por varios héroes de los derechos humanos!

CUERPO DIPLOMÁTICO VISITANDO LAS CHECHAS.

viernes 3 de septiembre de 2010

Funeral por don Carlos Hugo, en Parma.

Depositad este cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os de pena. Sólo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí, ante el altar del Señor. San Agustín (Confesiones, IX, 11).
DESCANSE EN PAZ, DON CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA