sábado, 18 de febrero de 2017

Don Domingo Fal Conde Macías

El pasado 31 de enero de 2017 fallecía don Domingo Fal Conde y Macías, apenas había aterrizado tres días antes, en un vuelo procedente de Tel Aviv, aprovechando un viaje de trabajo, visité por enésima vez la Basílica de la Natividad en Belén, donde estrechos lazos personales me unen al lugar donde nación el Salvador.

Este año y su breve transcurso empezaron con el fallecimiento de mi amado suegro a los siete minutos de haber despertado a su andadura, y el día 2 de enero se nos fue al Cielo mi querido tío José, además del fallecimiento de otras personas cercanas y conocidas. Sabemos, y además lo creemos firmemente, que la vida eterna aguarda a quienes han sido llamados por Dios a Su presencia, aunque ello no impide que nos atenace el dolor. Me he planteado durante muchos días como enfocar este artículo y al final creo que debo escribirlo intentando imitar el particular gracejo y desparpajo de Domingo Fal.

Conocí a Domingo en un aplec de Montserrat. Eran los años complicados en los que el Carlismo aún estaba pendiente de unificar las diferentes tendencias. Siempre he creído que era más una cuestión de mantenimiento de siglas que de otra cosa, pues los encuentros entre carlistas de diferentes "obediencias" resultaban extraordinarios, productivos y muy afables. Tras la santa Misa tenía en mente ir a charlar con aquella joven margarita navarra con la que congeniaba y con quien manteníamos una fluida y sana correspondencia semanal; en esa época no existían las redes de comunicación de hoy día y llamar por teléfono desde una cabina, se comía mi exigua paga semanal. Pero mis planes particulares se vieron frustrados, Domingo tomó asiento en el muro bajo y a preguntas de una señora madrileña empezó a relatar historias y anécdotas de su vida, de su padre, de don Javier y del Carlismo en general. Su verbo era pausado pero constante, cargado de una sencilla riqueza semántica y utilizando los tiempos de manera que convertía en ameno lo que para un joven alocado podría haber resultado un verdadero tostón.

Domingo Fal nos constaba en ese aplec como era el día a día en casa de sus padres, cambiando de escenario con un leve giro en su disertación y transportando al oyente a una cotidianeidad natural para él y casi mística para nosotros. Recuerdo especialmente como narraba una visita de don Javier a Sevilla y de como acabó él, sentado en sus rodillas y jugando con el Rey. Ese fue el punto de inflexión que me llevó a investigar sobre la persona de don Javier, la anécdota explicada por Domingo y la cálida sencillez con que lo describía.

Nunca fui un allegado a Domingo Fal, ni mucho  menos, era y soy uno más de la familia carlista; pero siempre intenté ponerme cerca de donde él estaba, para mi era necesario oírlo y escucharlo no solamente durante el discurso político, sino especialmente antes y después. Domingo fue no solo una institución en el Carlismo, sino una fuente de conocimiento.

Recuerdo otro acto en el que estando con otro querido amigo, más sensato que yo (dudo que exista alguien más insensato que el que escribe estas lineas); le dije en voz baja a mi amigo: "Parece que Domingo, además de arengarnos, nos esté diciendo: ¿Pero no os dais cuentas de lo que os digo, muchachos?". Por suerte, mi amigo me mandó callar, con una sonrisa en los labios.

Años más tarde, cuando empezamos la labor de trasmitir nuestra historia a través de opiniones y documentos, tuve la inmensa suerte de conocer a mi querido amigo, correligionario y hermano Javier, nunca podré agradecer a Dios que lo haya puesto en mi camino. Javier me presentó a otros carlistas desconocidos para mi y gracias a esto pude concertar una entrevista personal con Domingo Fal en su tierra, en Sevilla.

En julio de 2008 aterricé por Sevilla y me recibió el prestigioso abogado J. M. Font, extraordinario amigo y extraordinaria persona, a través de quien contacté con Domingo. Armado de una grabadora y tras mostrarme los puntos más notables de la capital hispalense, nos encontramos con Domingo en el centro de la ciudad y recorrimos los bares más significativos de la ciudad, charlando entre tapa y tapa de mil y una cosas. Hablamos de la familia, de Cataluña, de España y en cada lugar donde llegábamos, Domingo se hacía con el auditorio con esa gracia particular que le adornaba y ese saber estar, con esa educación inimitable y con ese uso de los tiempos y los gestos, seduciendo a todos los que nos hallábamos presentes.

Tras varias horas de charla, empezamos a grabar. He estado reescuchando la grabación y sinceramente les digo que no sabría por donde empezar. Este fin de semana he empezado a transcribirla y en algunos momentos me ha costado poder continuar.

Domingo me hablaba de su padre, de su madre y de sus hermanos, me llegó especialmente dentro aquel relato de los muchos sufrimientos que su padre arrastró debido a su compromiso con la Causa, sin arrepentirse en ningún momento de haber dado aquel paso hacia adelante. Y aunque nunca lo mencionó, pude deducir que la familia se adaptó a aquellas difíciles situaciones, sin poner nunca una sola objeción.

Mañana haré otra vez la maleta para viajar una vez más a Oriente Próximo, me acompañará en el vuelo la entrevista a Domingo y espero haber acabado su transcripción en unas semanas. Las fotos que acompañan este artículo corresponden al aplec carlista de Montserrat de 2009, la última vez que vi a Domingo Fal, a quien Dios guarde en Su eterna Gloria y a quien mando un abrazo con todo mi corazón, sabiendo que allá en el Cielo estará haciendo reír a todos los que tenga cerca.