miércoles, 18 de mayo de 2016

MANUEL AZAÑA, PRESIDENTE DE LA SEGUNDA RIP-PÚBLICA

Manuel Azaña Díaz, segundo presidente de la segunda RIP-Pública, masón, zascandil, acomplejado, introvertido, irresponsable y gran escritor; nos ha dejado algunas joyas literarias a las que temieron dentro de las propias filas del Frente Popular.
La revisión del incesado Azaña, descubre en sus memorias grandes contradicciones sobre decisiones que tomó a lo largo de su dilatada carrera política como ministro y como presidente de la república, en ninguno de sus escritos asume responsabilidad alguna, siempre y en todo momento descarga las culpas sobre otros personajes, tan siniestros como él, que curiosamente estaban bajo su mando.
Aunque sí parece cierto el hecho de que intentó un final negociado de la guerra civil, maniobras que le impidió el primer ministro Negrín que era a la sazón el hombre de confianza de Stalin en España, si es que el genocida soviético confiaba en alguien. A Negrín, Azaña le llamaba "el piafante" y quien tuvo prácticamente secuestrado al presidente de la república durante el último año de contienda, con la colaboración inestimable de Lluis Companys, de quien hablaremos en otra ocasión.
He aquí alguna de las perlas de Azama.
… Cuando empezó la guerra, cada ciudad, cada provincia quiso hacer su guerra particular. Barcelona quiso conquistar las Baleares y Aragón, para formar con la gloria de la conquista, como si operase sobre territorio extranjero, la gran Cataluña. Vasconia quería conquistar Navarra; Oviedo, León; Málaga y Almería quisieron conquistar Granada; Valencia, Teruel; Cartagena, Córdoba. Y así otros. Los diputados iban al Ministerio de la Guerra a pedir un avión para su distrito, “que estaba muy abandonado”, como antes pedían una estafeta o una escuela. ¡Y a veces se lo daban!  En el fondo, provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición.  La Generalidad se ha alzado con todo. El improvisado gobierno vasco hace política internacional.  En Valencia, comistrajos y enjunques de todos conocidos, partearon un gobiernito. En Aragón surge otro, y en Santander, con ministro de Asuntos Exteriores y todo. ¡Pues si es en el ejercito! Nadie quería rehacerlo, excepto unas cuantas personas, que no fueron oídas. Cada partido, cada provincia, cada sindical, ha querido tener su ejército. En las columnas de combatientes, los batallones de un grupo no congeniaban con los de otro, se hacían daño, se arrebataban víveres, las municiones…..
En Valencia, todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente cuando estaba a quinientos kilómetros. Se reservaban para defender su tierra. Los catalanes en Aragón han hecho estragos. Peticiones de Aragón han llegado al gobierno para que se lleve de allí las columnas catalanas. He oído decir a uno de los improvisados representantes aragoneses que no estaba dispuesto a consentir que Aragón fuese “presa de guerra”…. En los talleres, incluso en los de guerra, predominaba el espíritu sindical. Prieto ha hecho público que mientras en Madrid no había aviones de caza, los obreros del taller de reparación de Los Alcázares se negaban a prolongar la jornada y trabajar los domingos….Después del cañoneo sobre Elizalde, en Barcelona, no quieren trabajar de noche. Valencia estuvo a punto de recibir a tiros al gobierno cuando se fue de Madrid. Les molestaba su presencia porque temían que atrajese los bombardeos. Hasta entonces no habían sentido la guerra. Reciben mal a los refugiados porque consumen víveres. No piensan que están en pie gracias a Madrid. (“Velada en Benicarló”, Azaña).